Vivimos en un mundo de cristal y acero. Un mundo de pantallas lisas y frías, de conexiones inalámbricas que prometen cercanía pero solo ofrecen píxeles. Tocamos nuestras pantallas mil veces al día, pero ¿cuándo fue la última vez que sentimos un roce que nos hizo contener la respiración? Marcos conocía bien esa sensación. Su vida …















